terça-feira, 24 de dezembro de 2024

Aspectos da Fachada da Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina

















Aspectos da Fachada da Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires - Argentina
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Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.



 

Capela de Nuestra Señora de La Paz, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina




 

Capela de Nuestra Señora de La Paz, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires - Argentina
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Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Pisos em Mosaico, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina






 

Pisos em Mosaico, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires - Argentina
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Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Detalhes do Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina





















Detalhes do Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires - Argentina
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En sep­tiem­bre de 1878 la co­mi­sión apro­bó el pro­yec­to en­via­do por el es­cul­tor fran­cés Hen­ri Das­son Ca­rrier Be­lleu­se y lo in­for­mó al Go­bier­no Na­cio­nal, el cual au­to­ri­zó al mi­nis­tro ple­ni­po­ten­cia­rio en Fran­cia, Ma­ria­no Bal­car­ce, a re­pre­sen­tar a la Na­ción en lo re­fe­ren­te a la con­tra­ta­ción del ar­tis­ta con la con­di­ción de que el mo­de­lo fue­ra apro­ba­do pre­via­men­te por un ju­ra­do nom­bra­do por el mi­nis­te­rio de Ins­truc­ción Pú­bli­ca y Be­llas Ar­tes de Fran­cia.
Cum­pli­do el trá­mi­te, se fir­mó el con­tra­to el 31 de mar­zo de 1879 por la su­ma de 100.000 francos.
Los ca­jo­nes con las pie­zas y pla­nos del mo­nu­men­to lle­ga­ban por di­fe­ren­tes re­me­sas al puer­to de Bue­nos Ai­res, aun­que con al­gu­nos in­con­ve­nien­tes de­bi­do al blo­queo que por el te­ma ca­pi­tal ha­bía sur­gi­do en­tre el go­bier­no de la Na­ción y la Pro­vin­cia.
El se­pul­cro que con­tie­ne el ataúd pre­sen­ta en su par­te cen­tral la re­pre­sen­ta­ción de la Re­pú­bli­ca Ar­gen­ti­na y a am­bos la­dos las de Chi­le y Pe­rú, en cu­yas ba­ses se leen las ins­crip­cio­nes que se le atri­bu­yen a Mi­tre. El con­jun­to lo cie­rra en la par­te pos­te­rior un ba­jo­rre­lie­ve de la ba­ta­lla de Cha­ca­bu­co rea­li­za­do por Ca­rrier Be­lleu­se de acuer­do con un gra­ba­do de Gé­ri­cault.
En la par­te su­pe­rior, un sar­có­fa­go es­cul­pi­do en un blo­que de hie­rro ma­ci­zo re­ma­ta con una ta­pa don­de es­tán sim­bo­li­za­dos el sa­ble cor­vo, el som­bre­ro y el ca­po­te de cam­pa­ña.
El mo­nu­men­to fue inau­gu­ra­do el 27 de agos­to de 1880. Trecho de texto de Stella Maris de Lellis.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.


 

Restos Mortais do Soldado Desconhecido da Independência, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina









Restos Mortais do Soldado Desconhecido da Independência, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires - Argentina
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El 17 de agosto recordamos el paso a la inmortalidad de nuestro "Padre de la Patria" (José de San Martín), pero también recordamos el día del Soldado Desconocido de la Independencia. 
Los soldados que quedaron anónimos después de su muerte en los combates de la Independencia recibieron su homenaje a través del decreto N° 14932/45 que dispuso la repatriación de sus restos y al 17 de agosto como día “para rememorar el recuerdo del general San Martín y del Soldado Desconocido de la Independencia”.
En el mes de agosto de 1945 fueron exhumados en los campos de batalla de San Lorenzo, Tucumán y Salta, Chile, Ecuador, Perú y Bolivia, restos de soldados que formaron en las filas de los ejércitos que lucharon por la independencia sudamericana al mando de los generales Belgrano y San Martín, respectivamente, así como en el Uruguay, río de la Plata y mares del Sud, y trasladados a Buenos Aires el día 25, después de recibir el más sentido homenaje de los argentinos patriotas y agradecidos, y también de los buenos extranjeros, reconocidos a nuestra hospitalidad y a nuestro pan.
En la estación Retiro de los FF. CC. del E., fueron reunidos en una gran urna funeraria los restos, cenizas y arenas del mar, (en los lugares donde fueron librados combates navales, se realizaron ceremonias especiales y se recogieron arenas del fondo del río o mar, en acto simbólico de recoger los restos de los bravos marinos que murieron en ellos con la ilusión del abordaje, o durante el mismo) venían en distintas pequeñas urnas desde los distintos campos de batalla, donde fueron exhumados.
Esa gran urna fué conducida a la Catedral de Buenos Aires, y está depositada junto al Gran Capitán, hasta tanto sea erigido el monumento que la Nación debe a los que no figuran con sus nombres en la historia patria, aunque le dieron todo sin pedirle nada. Texto de Bartolome Descalzo.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Restos Mortais do General Las Heras, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina




 

Restos Mortais do General Las Heras, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina
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Co­no­cía muy bien San Mar­tín el co­ra­je de Las He­ras y sus tro­pas. La “Co­lum­na Au­xi­liar” ha­bía sa­li­do vic­to­rio­sa en los com­ba­tes de Cu­cha Cu­cha y Mem­bri­llar, ade­más de apo­yar el re­ti­ro de la fuer­za mi­li­tar chi­le­na de­rro­ta­da en Ran­ca­gua. Por eso pro­pu­so al Di­rec­tor Su­pre­mo Po­sa­das que, con ba­se a esa fuer­za, se crea­ra el Ba­ta­llón de In­fan­te­ría de Lí­nea N° 11 y el as­cen­so de su je­fe al gra­do de te­nien­te co­ro­nel.
Tiem­po des­pués fue ele­va­do a re­gi­mien­to con dos ba­ta­llo­nes, uno de los cua­les, el “N°1 de Ca­za­do­res”, abrió la cam­pa­ña del Ejér­ci­to de los An­des por el Pa­so de Us­pa­lla­ta al man­do del as­cen­di­do co­ro­nel Las He­ras, y triun­fó en Po­tre­ri­llos, Guar­dia Vie­ja, Cha­ca­bu­co, Cu­ra­pa­li­güe y Ga­vi­lán, ade­más de ba­tir­se con ho­nor en el frus­tra­do asal­to de Tal­ca­hua­no el 6 de di­ciem­bre de 1817.
Pe­ro el he­roís­mo de Las Heras y la prue­ba de la dis­ci­pli­na e ins­truc­ción de su gen­te, fue la sor­pre­sa de Can­cha Ra­ya­da, al po­der sal­var en­te­ra su di­vi­sión y cu­brir­la de glo­ria un mes más tar­de en los Cam­pos de Mai­po el 5 de abril de 1818, se­llan­do pa­ra siem­pre la In­de­pen­den­cia de Chi­le.
Co­mo je­fe del Es­ta­do Ma­yor Ge­ne­ral con­du­jo las tro­pas de avan­za­da en te­rri­to­rio pe­rua­no. De re­gre­so en Bue­nos Ai­res Las Heras fue nom­bra­do go­ber­na­dor de la pro­vin­cia (1824) y en­car­ga­do del Po­der Eje­cu­ti­vo Na­cio­nal (1825). Re­nun­ció al asu­mir la pre­si­den­cia Ri­va­da­via y plan­tear­se el pro­ble­ma de ca­pi­ta­li­za­ción. Re­tor­nó a Chi­le don­de fue rein­cor­po­ra­do en el ejér­ci­to y del que se re­ti­ró un año an­tes de su fa­lle­ci­mien­to el 6 de fe­bre­ro de 1866.
El go­bier­no de Chi­le lo hon­ró de­cre­tan­do exe­quias na­cio­na­les y la gen­te de San­tia­go asis­tió a sus fu­ne­ra­les. Me­ses des­pués se le ce­le­bra­ron hon­ras fú­ne­bres en la ca­te­dral de Bue­nos Ai­res. Por or­den del go­bier­no na­cio­nal re­tor­naron sus res­tos a la Ca­pi­tal a bor­do del cru­ce­ro “25 de Ma­yo” den­tro de una ur­na cos­tea­da por el pue­blo chi­le­no.
Fue re­ci­bi­do en la dár­se­na nor­te el 20 de oc­tu­bre de 1906, es­col­ta­do por el avi­so “Res­guar­do” y va­por­ci­tos de la em­pre­sa na­vie­ra Mi­ha­no­vich, por el pre­si­den­te de la Re­pú­bli­ca, Jo­sé Fi­gue­roa Al­cor­ta, el in­ten­den­te Al­ber­to Ca­sa­res, jun­to con au­to­ri­da­des, fun­cio­na­rios, cle­ro, fuer­zas de mar y tie­rra y en for­ma ma­si­va por los ciu­da­da­nos de la ca­pi­tal.
La ca­sa Le­pa­ge realizó vis­tas ci­ne­ma­to­grá­fi­cas de la pro­ce­sión has­ta la lle­ga­da al tem­ple­te en la Pla­za de Ma­yo don­de fue­ron ve­la­dos y en la que só­lo se leía la sen­ci­lla ins­crip­ción “Las He­ras” en sus cua­tros fren­tes.
Al fi­na­li­zar fue­ron con­du­ci­dos a la Ca­te­dral don­de re­po­san des­de en­ton­ces. Dio to­do por la Pa­tria y na­da le pi­dió. Trecho de texto de Stella Maris de Lellis.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Restos Mortais do General Tomás Guido, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina




 



Restos Mortais do General Tomás Guido, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires - Argentina
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Con anuen­cia de los des­cen­dien­tes fue­ron tras­la­da­das las ce­ni­zas del general To­más Gui­do des­de su tum­ba en la Re­co­le­ta has­ta el mau­so­leo del general San Mar­tín en la Ca­te­dral en 1966. La me­di­da ofi­cial des­ta­ca­ba: “…que la amis­tad que unió a los dos pró­ce­res, tan­to en la paz co­mo en la gue­rra, de­be ser ejem­plo per­ma­nen­te de los prin­ci­pios de leal­tad y com­pren­sión que ca­rac­te­ri­za­ron la tra­yec­to­ria de aque­llos hom­bres su­pe­rio­res […] la pre­sen­cia de los res­tos del Gral. Gui­do en el mau­so­leo del Li­ber­ta­dor sim­bo­li­za­rá el acer­ca­mien­to es­pi­ri­tual que en la vi­da iden­ti­fi­có a los ilus­tres pa­tri­cios.”
Una amis­tad que co­men­zó cuan­do San Mar­tín puso al tan­to de los pla­nes de eman­ci­pa­ción a Gui­do que se en­con­tra­ba en una mi­sión jun­to al Ejér­ci­to del Nor­te. Lo que dio ori­gen a la cé­le­bre “Me­mo­ria”, que gra­cias a los ofi­cios de los Di­rec­to­res Bal­car­ce y Puey­rre­dón, permitió lle­var a ca­bo la Cam­pa­ña Li­ber­ta­do­ra.
Fue el más leal y ac­ti­vo co­la­bo­ra­dor de San Mar­tín du­ran­te la or­ga­ni­za­ción del Ejér­ci­to de los An­des. Lle­gó a ser su Ede­cán, Con­se­je­ro de Es­ta­do y mi­nis­tro de Gue­rra du­ran­te la cam­pa­ña en el Pe­rú. Con­ti­núo ba­jo las ór­de­nes de Bo­lí­var, des­pués de la En­tre­vis­ta de Gua­ya­quil, y lle­gó al gra­do de ge­ne­ral de bri­ga­da de los Ejér­ci­tos del Pe­rú.
Al re­tor­nar a Bue­nos Ai­res hi­zo una bri­llan­te ca­rre­ra pú­bli­ca, sien­do nom­bra­do mi­nis­tro de Go­bier­no y Re­la­cio­nes Ex­te­rio­res, re­pre­sen­tan­te de la Ar­gen­ti­na an­te Bra­sil y se­na­dor por San Juan an­te el Con­gre­so Na­cio­nal.
Fa­lle­ció el 14 de sep­tiem­bre de 1866 y fue en­te­rra­do en el ce­men­te­rio del Nor­te.
Es­ta­ba ca­sa­do con Ma­ría del Pi­lar Spa­no, y fue pa­dre del cé­le­bre poe­ta Car­los Gui­do Spa­no. Que­dó co­mo tes­ti­mo­nio de la gran amis­tad que los unía, la car­ta que le es­cri­bió el 21 de sep­tiem­bre de 1822: “Mi ami­go: Ud. me acom­pa­ñó de Bue­nos Ai­res unien­do su for­tu­na a la mía: he­mos tra­ba­ja­do en es­te lar­go pe­río­do en be­ne­fi­cio del país lo que se ha po­di­do: me se­pa­ro de Ud., pe­ro con agra­de­ci­mien­to, no só­lo a la ayu­da que me ha da­do, en las di­fí­ci­les co­mi­sio­nes que le he con­fia­do, si­no que su amis­tad y ca­ri­ño per­so­nal ha sua­vi­za­do mis amar­gu­ras, y me ha he­cho más lle­va­de­ra mi vi­da pú­bli­ca. Gra­cias y gra­cias -y mi re­co­no­ci­mien­to […] Adiós. Su San Mar­tín”
El 14 de sep­tiem­bre de 1966 ca­de­tes del Co­le­gio Mi­li­tar re­ti­ra­ron la ur­na del ce­men­te­rio de la Re­co­le­ta y, des­pués de los ho­no­res pro­to­co­la­res, fue tras­la­da­da al pe­ris­ti­lo y ubi­ca­da en la cu­re­ña con la que se fue lle­va­da has­ta la Ca­te­dral, sien­do re­ci­bi­da por el general Juan Car­los On­ga­nía, au­to­ri­da­des y nu­me­ro­so pú­bli­co mien­tras se eje­cu­ta­ba un to­que de cla­rín y se disparaban 19 sal­vas de una pie­za de ar­ti­lle­ría.
Des­pués del dis­cur­so del pre­si­den­te del Ins­ti­tu­to Na­cio­nal San­mar­ti­nia­no y del pri­mer ma­gis­tra­do, el Ar­zo­bis­po de Bue­nos Ai­res An­to­nio Cag­gia­no ofi­ció un res­pon­so, ter­mi­na­do el cual se dio por fi­na­li­za­da la ce­re­mo­nia. Trecho de texto de Stella Maris de Lellis.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

A Estranha Posição dos Restos Mortais do General José de San Martín, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina - Artigo




 



A Estranha Posição dos Restos Mortais do General José de San Martín, Mausoléu do General José de San Martín / Mausoleo del General José de San Martín, Catedral Metropolitana de Buenos Aires / Catedral Primada de Buenos Aires, Argentina - Artigo



Desde su muerte, en agosto de 1850, y durante once años, el cuerpo embalsamado de José de San Martín descansó en una de las capillas de Notre-Dame de Boulogne. En 1861, cuando los Balcarce San Martín se mudaron a Brunoy, en las afueras de París, la hija del prócer resolvió llevar con ellos el féretro de su padre para que fuera ubicado en la bóveda de la familia. Y comenzó a plantearse el tema del traslado de los restos a la Argentina, cumpliendo con la voluntad póstuma del militar, ya que en su testamento había expresado: “Desearía que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires”.
El 25 de febrero de 1878, centenario del nacimiento del prócer, se realizó un tedeum en la Catedral porteña que concluyó con la colocación de la piedra fundamental del mausoleo donde descansarían los restos, encargado al escultor francés Auguste Carrier Belleuse. Avellaneda, Mitre, Quintana y el obispo Aneiros, entre otros, participaron del acto simbólico colocando mezcla en la obra con una cuchara de plata.
El 21 de abril de 1880, el ataúd fue transportado de Brunoy a París (35 kilómetros), donde se lo cargó en un tren especial rumbo al puerto de El Havre. Una vez en la ciudad portuaria, lo depositaron en forma transitoria en la Catedral, antes de embarcarlo en el Villarino, un buque de guerra que había sido encargado a un astillero británico.
El Villarino soltó amarras el 22 de abril y arribó a Montevideo el 20 de mayo. Fue recibido con una salva de 21 cañonazos. Una carroza tirada por seis caballos llevó el féretro a la Catedral, cubierto por las banderas de Uruguay, Chile, Perú y la Argentina. Cuando partió por la tarde, la banda militar uruguaya ejecutó el Himno Nacional Argentino, mientras que desde el Villarino, los músicos argentinos interpretaron la canción patria de Uruguay.
Durante una semana, el buque se mantuvo en la costa de Catalinas (en esa época, la playa llegaba hasta lo que es hoy la plaza Fuera Aérea, vecina de la estación Retiro), escoltado por decenas de buques de la Armada. El 28 de mayo tuvo lugar la ceremonia principal. Los integrantes de la Comisión de Repatriación colocaron la bandera del Ejército de los Andes sobre el ataúd, más dos coronas: una con palmas de Yapeyú (ciudad natal del prócer) y otra con gajos de pino de San Lorenzo (bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo). El cajón, depositado en un bote fúnebre, fue desembarcado en las costas de Retiro. La bienvenida estuvo a cargo del ex presidente Sarmiento.
Cargado de flores que le lanzaban, el féretro fue escoltado hasta el monumento del Libertador, en Plaza San Martín. Luego de un emocionante discurso del presidente Avellaneda, el cajón fue colocado en una carroza fúnebre (réplica de la que transportó el cuerpo de Wellington a la Catedral de Londres en 1852). El cortejo marchó por la calle Florida hasta la Plaza de Mayo y el ataúd fue depositado en la nave central de la Catedral Metropolitana.
El pueblo le rindió tributo durante veinticuatro horas. Al día siguiente, a las dos de la tarde, se lo ubicó en el mausoleo. Suele decirse que los restos de San Martín yacen en el exterior del perímetro de la Catedral, en una capilla construida afuera de la nave central, porque era masón; dando a entender que la Iglesia no aceptaba que descansara bajo su custodia. Raro comentario, si se tiene en cuenta que los despojos del Libertador estuvieron en Notre-Dame de Boulogne, la iglesia parroquial de Brunoy y las catedrales de El Havre, Montevideo y Buenos Aires. Sí, en cambio, resulta curioso la forma en que ha quedado dispuesto el ataúd.
El tamaño del cajón era grande para el espacio asignado en el mausoleo. Por ese motivo, el féretro que contiene el cuerpo embalsamado del prócer, y que hoy reclaman las ciudades de Yapeyú y Mendoza, fue colocado en forma inclinada, de la manera que la vemos en la ilustración que fue publicada por el Instituto Nacional Sanmartiniano en 1947. Así se mantiene desde el 29 de mayo de 1880. Texto de Daniel Balmaceda / La Nación.
Nota do blog: Data e autoria da imagem não obtida.