quarta-feira, 11 de dezembro de 2024

Quiosque em Canaletas, Barcelona, Espanha (Quiosco de Canaletas) - Rafael Barradas










Quiosque em Canaletas, Barcelona, Espanha (Quiosco de Canaletas) - Rafael Barradas
Barcelona - Espanha
Malba Museu de Arte Latino-Americana de Buenos Aires, Argentina
Aquarela, guache e grafite sobre papel - 47x62 - 1918

Balcanización social y emergencia de la individualidad, vivencia íntima de la vida cotidiana, contingencia y temporalidad son datos del ambiente cultural al que fue sensible Barradas durante su segunda estadía en Barcelona (1916-1918), un ambiente que compartió con su coterráneo Joaquín Torres García y, en parte, también con el pintor ecléctico español Celso Lagar. Fue precisamente a través de este último como conoció a Torres García en agosto de 1917. Lagar venía de una larga estadía en París, donde había tenido contacto con el cubismo de Picasso y de Juan Gris y también con el orfismo de los Delaunay. Este dato no es menor, dado que, en su relación con Barradas, éste debió de ser receptivo a ciertas ideas de Lagar, y especialmente al uso de las formas curvas que heredaba de la estética orfista. La amistad llegó al punto de que el pintor uruguayo, arribado a la capital española en agosto de 1918, le organizó una exposición a Lagar en el Ateneo de Madrid en noviembre de ese año.
En una conferencia sobre Barradas que Torres García brindó en Montevideo en 1936, decía:
Todos saben la pasión de Barradas por el café, […] tenía su mesa favorita que se podía reconocer fácilmente por estar llena de esos dibujos con que siempre acompañaba sus peroraciones, mesa junto a seis cristales que daban a la plaza y desde la cual se veía todo el vibracionismo callejero.1
Torres García utilizó aquí el término vibracionismo, que fue con el que Barradas bautizó su obra temprana barcelonesa (1917-1918). Su primera enunciación pública posiblemente haya sido en la revista Arc Voltaic, dirigida por Joan Salvat Papasseit, aparecida en febrero de 1918. En ella Barradas publicó un dibujo (Bonanitingui) hecho en 1917, que llevaba como leyenda “Dibuix Vibracionista”, y el término se repetía en la carátula de la revista: “Vibracionisme de idees; Poemes en ondes Hertzianes”.
Si bien los ejercicios vibracionistas cobraron soltura en las acuarelas que Barradas realizó en 1917, en 1918 se hizo notoria la tendencia a lograr una estructura dentro de la cual el artista se permitía todo tipo de juegos plásticos, saturando el plano pictórico con diferentes recursos (líneas, puntos, manchas) y dotándolo de una alta densidad cromática.
Es dentro de este grupo de obras donde cabe ubicar Quiosco de Canaletas. En esta pieza pictórica, una multiplicidad de fragmentos escénicos están contenidos en formas angulosas que se interpenetran. El uso de estas formas quebradizas que definen la dinámica del cuadro estaba también presente en las escenas de café pintadas en París. Según testimonio de su hermano, Antonio de Ignacios, en esa época Barradas solía decir: “Estoy convencido que la emoción es un ángulo”.
En la citada conferencia, Torres García señalaba, precisamente:
Otro aspecto a considerar: la forma geometrizada. Tal círculo está formado por una serie de ángulos, tal forma irregular nos la da por un rectángulo, tal objeto estará solo iniciado: es que cada forma de éstas buscará de complementarse o rectificarse en el espectador, y así logra el artista otro modo de vibración, algo viviente que no darían los objetos representados normalmente.
Estas consideraciones son totalmente aplicables a Quiosco de Canaletas, cuyo dinamismo interior resulta de una estructura geométrica básica consistente en un eje vertical cruzado por dos diagonales que se interceptan en la zona central. Esa geometría rectora subyacente parece cortar el espacio y las cosas contenidas en él, de manera que éstas resultan incompletas desde el punto de vista figurativo, fragmentadas y adosadas entre sí, conformando un universo plástico pasible de múltiples lecturas. Hay otros elementos en Quiosco de Canaletas que suelen reiterarse en las pinturas que Barradas realizó en 1918, como el diálogo entre semicírculos (algo que recuerda los recursos del orfismo), la presencia del reloj, de las letras y los números, y también uno de los más llamativos: la ilusión de profundidad, que aparece pautada por medio de la fragmentación de las partes. En efecto, los primeros planos (en tonos más opacos) están constituidos por formas de mayor tamaño cuya fragmentación está claramente delineada, mientras que los planos de fondo (de colores luminosos) se configuran mediante un entramado complejo de formas cada vez más pequeñas, resultante de una fragmentación creciente hacia la zona central del cuadro.
Sin embargo, el vibracionismo no consistía en un mero problema visual; no era solo una estrategia gráfica y pictórica para registrar las yuxtaposiciones ópticas y las apariencias simultáneas que ofrecía el espectáculo de la vida moderna, sino que constituía un acto de síntesis en el que se conjugaban dos tiempos diferentes: el efímero transcurrir de la vida urbana en perpetuo movimiento, por un lado, y la intemporalidad interior del yo, por el otro. Es ese interiorismo lírico de Barradas el que se perpetúa a lo largo de toda su obra. Texto de Gabriel Peluffo Linari / Malba.
Nota do blog: Imagens 1 a 3, data 2024, crédito para Jaf / Imagem 4, data desconhecida, crédito para o Malba.

Festa de São João, Brasil (Festa de São João) - Cândido Portinari

 







Festa de São João, Brasil (Festa de São João) - Cândido Portinari
Brasil
Malba Museu de Arte Latino-Americana de Buenos Aires, Argentina
OST - 175x194 - 1936


Festa de São João (1936-1939) es una obra destacada en la extensa producción de Portinari, un trabajo ejemplar del aspecto más lírico e idealista del artista, que se distancia de la retórica y del compromiso ideológico, incluso militante, de sus pinturas murales, para dar lugar al creador apasionado, al narrador poético hermanado con su gente, sus historias, paisajes e imaginarios. Desde comienzos de los años 30, década en que Portinari empieza a trabajar en sus grandes proyectos de murales encargados para espacios públicos, asociados a la arquitectura modernista brasileña de entonces, también se dedica, además de a una infinidad de retratos, a una pintura más espontánea, menos narrativa o literaria, de orden sentimental, afectivo. Dentro del espíritu del retorno al orden –retomado de modelos y lenguajes extraídos del clasicismo por el arte del período de entreguerras, una reacción a las vanguardias del modernismo de principios del siglo XX–, el artista lanza una mirada deslumbrada y generosa sobre la cultura popular de las fiestas, de los juegos y diversiones infantiles, los oficios y las tareas, las relaciones y celebraciones, e inventa paisajes metafísicos, despojados, silenciosos, a pesar del ruido que, a veces, sugieren las escenas representadas. Son campos abiertos, playas extensas, cerros chatos, planicies con elevaciones aisladas, espacios con composiciones marcadas por la presencia de mujeres y niños, muchachos y cometas, trabajadores, novios y matrimonios, migrantes y desterrados, cuervos y espantapájaros. Todos parecen existir en un tiempo detenido, distante, solitarios, encerrados en su abandono, sin dramas. Se constituyen como algo propio de Portinari, otra forma de ser político, por medio de imágenes de una belleza triste, sobre una condición trágica, entre alegría y melancolía.
En una entrevista publicada en el Diário de São Paulo, en 1937, Portinari informa que en ese momento se dedicaba a “São João, obra en la que trabajo hace cerca de un año, y que considero de las más importantes que emprendí hasta ahora”. En realidad, el artista trabajó en ella durante casi cuatro años antes de llegar a su forma final, como puede advertirse en las tres versiones hechas entre 1936 y 1939 [Portinari: 591 (FCO 5177), 664 (FCO 5329) y 592 (FCO 5330)], que muestran las modificaciones en la composición y el espesamiento de la pintura; así como en los dibujos de la Colección Malba y del Museu de Arte Contemporânea da Universidade de São Paulo [Portinari 589 (FCO 2600)]. Se trata de una obra que marca la madurez del artista, la profundización de su práctica, la consolidación de las cuestiones formales y temáticas en su producción. Esos desdoblamientos en el proceso del trabajo de Portinari resultan bastante evidentes cuando comparamos Festa de São Joãocon otra importante pintura del artista, Morro (1933) [Portinari: 357 (FCO 3778)], del Museum of Modern Art de Nueva York, una composición semejante, pero más primitiva, como la de Giotto, tal vez el artista predilecto de Portinari, y exótica.
La estructura clásica y teatral de la escena está constituida por las líneas verticales de los mástiles embanderados y las palmeras, entre los que circulan, trabajan y juegan principalmente mujeres y niños, y por las formas naturales de las montañas del fondo y, en especial, del morro, plano de la representación, marcado por líneas curvas de caminos y transeúntes. Reverbera en la escena una sensualidad contenida, sugerida por algunos contornos femeninos. Como en otros trabajos de este período de Portinari, la paleta se centra en las variaciones de marrones, rojos terrosos y ocres –evocación de la tierra, de lugar y origen–, contrastados por matices de blanco –simplicidad, pureza, luz– y azules –el color de su maestría, del gran marco del mundo–, entre luminosos, pálidos y profundos. Festa de São Joãosorprende y congela, no la celebración del santo, sino su preparación. Toda la agitación que precede a la fiesta parece haber sido detenida para el registro del artista: la construcción de la hoguera, el secado de los manteles, la molienda de la paçocaen el mortero, el ir y venir del transporte de agua para el lavado del suelo, las primeras tentativas de los chicos de subir al palo ensebado y alcanzar los regalos colocados en lo alto. En el primer plano, figuras de mujeres y niños –que repiten, en conjunto, composiciones de grupos individuales de pinturas anteriores de este período– parecen concentradas en el trabajo, los hijos y la expectativa de la fiesta. En la esquina derecha, una chica que carga un bebé se destaca por el carácter naturalista de su rostro, distinto de las demás figuras de la escena, el cual, enmarcado por un gran lazo de cinta azul, encara con altiva serenidad la mirada del espectador, antes de conducirlo hacia el interior del cuadro. Texto de Ivo Mesquita / Malba.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Obra "Inserções em Circuitos Ideológicos: Projeto Coca-Cola" - Cildo Meireles

 






Obra "Inserções em Circuitos Ideológicos: Projeto Coca-Cola" - Cildo Meireles
Malba Museu de Arte Latino-Americana de Buenos Aires, Argentina
Fotografia


Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Abaporu (Abaporu) - Tarsila do Amaral







Abaporu (Abaporu) - Tarsila do Amaral
Malba Museu de Arte Latino-Americana de Buenos Aires, Argentina
OST - 85x73 - 1928



Durante la Semana de Arte Moderno, realizada en San Pablo, Tarsila do Amaral se encontraba en París, dando continuidad a su formación artística en la tradicional Académie Julian y en el taller de Émile Renard. Cuando regresó al Brasil, a mediados de 1922, conoció a artistas e intelectuales que habían tomado parte en la Semana y su percepción del arte experimentó cambios significativos. Al retornar a París a fines de ese año, buscó nuevos maestros con otro perfil. Pintó bajo la orientación de Gleizes y Lhote, pero fue la influencia de Léger la que dejó marcas más profundas en su producción, principalmente en las obras Pau-brasil, realizadas entre 1924 y 1927. En ellas Tarsila se volcó a la investigación sobre la representación visual de la identidad brasileña, haciendo uso de colores vivos y contrastantes, en paisajes construidos por medio de planos sucesivos.
Pero el compromiso con la figuración de asuntos típicamente nacionales adoptó otros contornos a partir de 1928, cuando pintó Abaporu–término tupí-guaraní que significa “hombre que come hombre”– y se lo obsequió a Oswald de Andrade, su marido, como regalo de cumpleaños. Entusiasmado con esa criatura prehumana, ensimismada y con un pie colosal, Oswald habría exclamado: “¡Eso parece un antropófago, un hombre de la tierra!”. Inspirado por la imagen sintética y poderosa, Oswald redactó el Manifiesto antropófago, documento fundamental del modernismo brasileño, en el cual propone una asimilación crítica del legado cultural europeo y su reaprovechamiento para la creación de un arte genuinamente nacional. De acuerdo con el Manifiesto, la identidad del Brasil residía en el matriarcado de Pindorama, en las prácticas y costumbres de los pueblos indígenas que vivían allí antes de la llegada de los portugueses. Los colonizadores, asociados al patriarcado racionalista, erradicaron dimensiones cruciales de la cultura tribal, tales como la vida comunitaria y la profunda vinculación de los indios con la naturaleza. Abaporurescata el ser-naturaleza de esa tierra inmemorial, irremediablemente corrompida por la lógica civilizadora. Es una criatura autóctona, mítica por excelencia, nativa de un Brasil primitivo y mágico a la vez.
Al reflexionar años más tarde sobre Abaporu, Tarsila aventuró una hipótesis sobre su origen:
Recordé que, cuando era pequeña y vivía en una hacienda enorme […] las criadas me llevaban –con un grupo de niñas– a un cuarto viejo y amenazaban: “¡Vamos a mostrarles una cosa increíble! ¡Una aparición! ¡De aquel agujero va a caer un fantasma! ¡Va a caer un brazo, una pierna!”, y nosotras quedábamos horrorizadas. Todo eso quedó en mi psiquis, tal vez en el subconsciente.
Aunque Tarsila atribuyese la matriz de ese ser fantástico a las historias que oía en su infancia, es forzoso recordar que, durante la década de 1920, la artista estuvo varias veces en la capital francesa, atenta a las manifestaciones de vanguardia: Aragon, Arp, Artaud, Brancusi, Breton, Cendrars y Rousseau, ente otros, formaban parte de su repertorio. Probablemente La création du monde, presentado en 1923 por los Ballets Suecos, con música de Milhaud, escenografía de Léger y guión de Cendrars, de tema primitivo y estética innovadora, haya motivado a Tarsila a pintar A negra (MAC-USP), figura antropofágica avant la lettre, que antecede a Abaporuen cinco años.
Al buscar asociaciones para una de las imágenes más poderosas del modernismo brasileño, hay otro ser mítico, mucho más remoto, que debe recordarse. Según el relato de Plinio el Viejo, los esciápodos, humanoides con una sola pierna centralizada en el cuerpo y pie gigantesco, fueron avistados por viajeros que alcanzaron regiones lejanas de la India. En Naturalis Historia se los describe como seres sorprendentemente ágiles que, al acostarse, usan el pie para protegerse de la lluvia y del sol ardiente. En ese sentido, la génesis de Abaporu podría estar tanto en la mitología clásica como en la París moderna, o aun en las reminiscencias de la infancia de Tarsila. Poco importa la respuesta exacta. Como resume Alexandre Eulálio, las pinturas antropofágicas reflejan, antes que nada, “el viaje de Tarsila al centro de su tierra. Auténtica lección de abismo”. Texto de Regina Teixeira de Barros / Malba.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Malba Museu de Arte Latino-Americana de Buenos Aires, Argentina

 

































Malba Museu de Arte Latino-Americana de Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires - Argentina
Fotografia


O Museu de Arte Latino-Americana de Buenos Aires é um museu localizado no bairro de Palermo, em Buenos Aires. Abriga em seu interior a coleção de Eduardo F. Costantini, presidente da fundação que leva seu nome e quem fundou e mantêm esse espaço dedicado as artes.
Segundo o especificado em sua missão, o MALBA é um espaço destinado a coleção, conservação, estudo e difusão da arte latino-americano desde princípios do século XX até a atualidade.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.

Propaganda "Você Sabe que a Gravidez só Ocorre Certos Dias do Mês?", Indicador, Irmac, Rio de Janeiro, Brasil


 

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Nota do blog: Verdadeira pérola...rs.

Edifício Itália, São Paulo, Brasil


 

Edifício Itália, São Paulo, Brasil
São Paulo - SP
Fotografia - Cartão Postal


Nota do blog: Data e autoria não obtidas.

Propaganda "O Cinema em Casa", Companhia Cinematográfica Brasileira, Rio de Janeiro, Brasil


 

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A Importância de Santo Agostinho - Artigo

 



A Importância de Santo Agostinho - Artigo
Artigo

Texto 1:
"Senhor, conceda-me castidade e continência, mas não ainda." Essa frase, que consta do autobiográfico livro 'Confissões', diz muito sobre as duas fases da vida de Santo Agostinho (354-430), personagem nascido onde hoje fica a Argélia que teve uma vida cheia de prazeres mundanos até acabar, convertido ao cristianismo, se tornando um grande filósofo e teólogo.
"Santo Agostinho tem grande importância não somente na história da Igreja, mas na história do pensamento ocidental", afirma o filósofo e jurista Segundo Azevedo, estudioso da obra de Agostinho e professor no Instituto Federal de Educação, Ciência e Tecnologia do Ceará (IFCE).
"Dos santos homens da Igreja, ele foi dos que mais escreveram ao longo da vida", acrescenta o estudioso de hagiologias Thiago Maerki, pesquisador da Universidade Federal de São Paulo (Unifesp) e associado da Hagiography Society, dos Estados Unidos.
"Foi um grande intelectual, dos maiores que a Igreja já conheceu", enfatiza Maerki.
No livro 'Il Santo Del Giorno', Mario Sgarbossa e Luigi Giovannini, ressaltou "não ser fácil falar" sobre o "santo que mais do que qualquer outro já falou de si mesmo, com sinceridade e simplicidade". Certamente uma alusão ao livro 'Confissões', um best-seller cristão até hoje, no qual, como dizem Sgarbossa e Giovannini, ele "desnuda sua alma com sinceridade e candura".
Filho de uma mãe católica — depois tornada Santa Mônica — e de um pagão, Patrício, que só se converteria ao cristianismo no leito de morte, Aurélio Agostinho de Hipona nasceu em Tagaste, onde hoje fica a cidade de Souk Ahras, na Argélia.
Na época, a localidade era parte da província romana de Numídia. Tudo indica que sua família, considerada da classe elevada dos tais "homens honrados", tivesse cidadania romana.
Formação:
Fato é que na infância ele foi educado em latim e, aos 11 anos, acabou levado a uma escola a cerca de 30 quilômetros de sua cidade Natal, onde aprendeu literatura e costumes próprios da civilização romana. Ali teve acesso a obras clássicas da filosofia, tendo contato com autores como Marco Tulio Cícero (106 a.C. - 43 a.C), depois creditado pelo próprio Agostinho como o responsável por despertar nele o interesse pela temática.
Aos 17 anos, Agostinho foi embora para Cartago, onde hoje fica a Tunísia, para estudar retórica. Criado dentro dos princípios cristãos, por conta da educação materna, foi ali que ele acabou assumindo posturas contraditórias à fé.
Abraçou o maniqueísmo como doutrina e, na companhia de outros jovens, passou a viver no espírito hedonista, em busca de prazeres mundanos. Seu grupo se vangloriava de colecionar experiências sexuais, enumerando aventuras tanto com mulheres quanto com homens.
Agostinho envolveu-se com uma jovem local, mas, ao contrário do que era esperado pela sociedade, decidiu não se casar com ela. Viveram como amantes e tiveram um filho, Adeodato — sobre o qual pouco se sabe além do fato de que ele teria morrido ainda jovem.
Sua formação intelectual acabaria também se convertendo no ganha-pão. Aos 19 anos tornou-se professor de gramática, primeiro na sua Tagaste natal, depois em Cartago.
Dez anos mais tarde, decidiu fundar uma escola em Roma. Ele acreditava que ali, na capital da civilização, estariam as maiores e mais brilhantes mentes.
Fracassou na empreitada, desapontado com a falta de receptividade dos alunos. A essa altura já havia se distanciado do maniqueísmo e abraçado as ideias do ceticismo.
Conversão:
Sua fama de homem com bons conhecimentos se espalhou e logo ele conseguiu um trabalho como professor de retórica em Mediolano, atual Milão.
Ele tinha 30 anos e aceitou a empreitada. Àquela altura, sua carreira intelectual era notável. A pedra no sapato, contudo, era a sua mãe, Mônica, que seguia pressionando-o para que ele se convertesse ao cristianismo.
E essa adesão à fé viria em 386. Conforme seu próprio relato, ele ficou impressionado quanto tomou contato com a história da vida de Santo Antão do Deserto (251-356), um ermitão que acabaria conhecido como "pai de todos os monges". E, nesse transe, teria ouvido uma voz infantil dizendo "toma, lê". Agostinho interpretou como uma ordem: ele deveria pegar a Bíblia e ler o primeiro trecho que encontrasse.
Caiu justamente num trecho da carta de São Paulo aos Romanos, no qual o apóstolo falava sobre como as sagradas escrituras teriam o poder de transformar o comportamento dos seres humanos.
"Comportemo-nos com decência, como quem age à luz do dia, não em orgias e bebedeiras, não em imoralidades sexuais e depravações, não em desavenças e inveja. Ao contrário, revistam-se do Senhor Jesus Cristo e não fiquem premeditando como satisfazer os desejos da carne", conclama a passagem.
Ele entendeu o recado como algo para si. Na Páscoa de 387, foi batizado pelo bispo de Mediolano, Aurélio Ambrósio (340-397). No ano seguinte, na companhia da mãe e do filho, decidiu voltar para a África.
Mônica, contudo, morreu antes ainda de embarcar. Adeodato morreria pouco tempo depois do retorno. Desgostoso diante das desgraças familiares, Agostinho decidiu vender todo o patrimônio e doar o dinheiro aos pobres.
Manteve apenas sua casa, convertida em um mosteiro.
Em 391, foi ordenado sacerdote, em Hipona, na mesma província da Numídia. Então, o convertido Agostinho permitiu-se utilizar de toda a sua erudição a favor do cristianismo. Logo se tornaria um grande pregador e um grande estudioso teórico das bases da religião.
Poucos anos depois, ainda no fim do século 4, acabaria nomeado bispo de Hipona. Até o fim da vida, ele se dedicou às pregações, aos estudos e aos escritos, sempre mantendo um estilo frugal e ascético. De acordo com relatos de um bispo que foi seu contemporâneo, Possídio, ele havia se tornado um homem que comia pouco, trabalhava muito, não gostava de conversas sobre a vida dos outros e era um hábil administrador financeiro das obras de sua comunidade.
O pensador:
Do ponto de vista intelectual, Agostinho é responsável pela primeira grande síntese do cristianismo, reunindo as práticas da tradição de então, confrontando-as com as escrituras e procurando depreender disso uma filosofia catequética. Embora o termo não existisse na época, é considerado um grande teólogo.
Ele foi um dos pioneiros a defender que o ser humano era a junção perfeita de duas substâncias, o corpo e a alma, um entendimento que acabou influenciando muito da filosofia que seria construída a partir de então.
Também ergueu bases para a eclesiologia, propondo que a Igreja era uma única entidade legítima, mas que ela precisava ser entendida sob duas realidades. A parte visível seria formada pela instituição hierarquizada e pelos sacramentos; mas a parte invisível seria constituída pelas almas dos praticantes.
"Agostinho de Hipona caracteriza-se por ser um pensador de fronteira. Mas o que é ser um pensador de fronteira? É saber refletir frente a estágios em que a crise política e cultural fazem nascer um novo momento da história", pontua Azevedo. "A reflexão fronteiriça agostiniana perpassa da antiguidade clássica e fornece as fontes para poder pensar o período cristão nascente."
O pesquisador lembra que Agostinho foi profundamente influenciado pela "razão filosófica grega, sobretudo o neoplatonismo, e a revelação cristã com as cartas paulinas".
Nesse sentido, parece inevitável comparar os dois, Agostinho e Paulo. Ambos convertidos tardiamente ao cristianismo. Ambos dedicados a criar uma fundamentação teórica para a religião.
"Há uma associação entre Paulo e Agostinho e essa associação é carregada de simbolismos, significados muito fortes", explica Maerki. "Os dois fazem interpretações, adaptando a filosofia platônica ao cristianismo, influenciados pela filosofia platônica."
"A junção desses dois modos de pensar o mundo [a filosofia grega e o cristianismo] e refletir sobre si encontra amparo no coração inquieto de Agostinho. Ali há o ambiente de conjunção e formação de uma nova forma de pensar", completa Azevedo. "O estilo grego antigo de escrita encontra elo na reflexão cristã, quando da associação necessária do pensar e viver."
O professor ressalta, contudo, que não era apenas teórica, mas a prática religiosa que fizeram de Agostinho o santo que acabaria sendo reconhecido. "Ele demonstra isso com sua vida, percebendo que o pensamento sem ação é vazio", pontua.
Nesse processo, as ferramentas da erudição de Agostinho parecem ser as mesmas cuja base se via em seu passado como professor de latim e de retórica. Não à toa, ele se torna um estudioso das escrituras.
"Foi um grande amantes dos textos sagrados, não só no sentido de, após a conversão, viver profundamente as chamadas verdades bíblicas, mas também porque foi estudioso assíduo das escrituras, propondo interpretações bíblicas a partir de uma retórica mais clássica", comenta Maerki.
"Hoje se fala muito da Bíblia como uma espécie de literatura, com o campo de se investigar a Bíblia a partir das teorias literárias. Agostinho propunha, em sua época, algo um pouco próximo disso", acrescenta o pesquisador. "Era um tempo em que não havia o termo literatura, mas ele se interessou pela construção do texto, pela interpretação do texto. Essa afinidade pelas letras me chama muito a atenção."
Azevedo explica que uma das principais questões trazidas por Agostinho, foi a percepção do conceito de vontade.
"A noção de vontade não foi desenvolvida pelos gregos, apesar de Aristóteles fornecer indicativos para poder refletir sobre esta noção. Em Platão o conhecimento implica uma determinada forma de agir, tanto que se percebe que o conhecimento filosófico na alegoria da caverna implica em uma ação por parte do filósofo de libertação para com os prisioneiros", contextualiza o professor.
Agostinho, por sua vez, "identifica a vontade e a condiciona à noção de escolha, deliberação", conforme detalha Azevedo. "A ação ética, o amar, consiste em amar o que deve ser amado diante da ordem do mundo", diz o professor Azevedo. "A união entre a cosmologia e a criação judaica-cristã se revela em uma ordem hierárquica, em que subsistem alguns bens que devem ser escolhidos."
Em outras palavras, para Agostinho a escolha se daria pelo conhecimento, "mas sobretudo pela capacidade propriamente humana de amar". "Amar é escolha", diz Azevedo.
Maerki sintetiza esse ponto a partir de algumas premissas agostinianas. A primeira é de que as pessoas só amam aquilo que elas conhecem. Nesse sentido, a existência de Deus seria provada justamente pelo amor que os seres humanos devotam a ele — ou seja, se o fazem, é porque o conhecem.
Outra ideia posta é da busca. Para Agostinho, não se procura nada senão aquilo que se ama. Assim, o ser humano que ama Deus, estaria empenhado em buscá-lo.
"Ele foi um santo que escreveu muito e muito falou sobre o amor. Ele acreditava que o amor deveria ser a medida de todas as coisas", resume Maerki.
Em 'Confissões', Agostinho afirma que "meu amor é meu peso: por ele sou levado para onde sou levado".
"Agostinho ensina ao ser humano de hoje que é possível recomeçar, que sempre há a possibilidade, mesmo com o passado", complementa Azevedo. "O presente agora é dádiva divina e possibilidade criadora do próprio ser humano."
Aos 75 anos, adoeceu. Morreu em 28 de agosto de 430. Em um tempo em que a Igreja não havia definido os critérios objetivos para a canonização de alguém, acabou se tornando santo por aclamação popular. Em 1298, o papa Bonifácio 8 (1235-1303) deu a ele o título póstumo de Doutor da Igreja. Texto de Edison Veiga / BBC News Brasil.
Texto 2:
Aurelius Agostinus, Agostinho de Hipona ou Santo Agostinho foi um dos filósofos da filosofia patrística, considerado um dos pais ou um dos doutores da Igreja Católica. Seu período, o período patrístico, consiste no primeiro esforço de criar-se uma base teológica e doutrinária para o cristianismo, que já existia enquanto religião, mas carecia de uma doutrina que fundamentasse todo o embasamento institucional da Igreja. Agostinho é um dos responsáveis por criar esse embasamento com a sua filosofia cristã.
Biografia de Santo Agostinho:
Santo Agostinho nasceu Aurélio Agostinho, em 354 d.C. Seu local de nascimento foi a cidade de Tagaste, no território atualmente composto pela Argélia, na época sob domínio do Império Romano. O pai de Agostinho era pagão (algo comum na época, pois o cristianismo era recente e tinha deixado marcas problemáticas no império por conta da imagem subversiva de Jesus Cristo). Sua mãe, Mônica (mais tarde canonizada como Santa Mônica), era cristã devota.
Agostinho cresceu no caminho considerado pelo cristianismo como pecaminoso e pagão, por conta da influência de seu pai. As biografias de Agostinho e de Mônica afirmam que a mãe viveu muito angustiada pela conduta do filho e sempre rezou por sua conversão. No entanto, ela sabiamente nunca forçou ou impôs a religião ao filho, mesmo quando ele era criança.
Agostinho estudou lógica, filosofia e retórica. Tornou-se um grande professor de retórica, sendo reconhecido no Império Romano. Ele procurou, com base em seus estudos, vários modos de encontrar um certo conforto espiritual. Agostinho aproximou-se do maniqueísmo, doutrina religiosa com base sincrética (cristã e pagã, advinda do zoroastrismo), que enxergava um dualismo moral no mundo, o qual seria dividido apenas entre duas forças em equilíbrio: o bem e o mal. Além disso, Agostinho aproximou-se de doutrinas filosóficas gregas antigas, como o hedonismo e o ceticismo.
Agostinho envolveu-se com uma mulher, teve um filho com ela aos 18 anos de idade, Adeodato, e manteve um relacionamento considerado pela Igreja como pecaminoso por 13 anos. Ao separar-se dela, Agostinho teve casos com outras mulheres.
Por volta de seus 30 anos de idade, o intelectual começou a ouvir as pregações do Bispo Ambrósio, um importante clérigo, por conta de questões retóricas. O momento vivido por Agostinho era conturbado: ele tinha dificuldades interpessoais em seus relacionamentos amorosos e com a mãe de Adeodato, além de encontrar-se espiritualmente desamparado por todas as doutrinas que procurou: maniqueísmo, hedonismo e ceticismo.
Não obstante, a proximidade entre Agostinho e seu filho era muito grande. Eles estavam imersos numa cultura cada vez mais cristã, até que Agostinho optou pelo cristianismo como religião, quando Adeotado tinha 15 anos de idade.
Diz a sua história que o santo, em um dia de muita angústia, recebeu a visita de um ser iluminado, provavelmente um anjo, que o entregou um livro e ordenou-o: “Toma e lê!”. Agostinho obedeceu-o, e, a partir daquele momento restaurador, cederia ao cristianismo como religião. Após esse episódio, o Bispo Ambrósio batizou Agostinho e Adeodato. Pouco tempo depois, seu filho morreu. Não bastasse o sofrimento pela morte do filho, Agostinho enfrentou também a morte da mãe pouco tempo depois.
Sua vida após a conversão e as perdas foi dedicada à Igreja Católica. Agostinho fundou uma ordem religiosa, e, após a aproximação e morte do velho Bispo de Hipona, o religioso foi consagrado bispo da mesma cidade, ocupando o cargo até 430, ano de sua morte.
Filosofia de Santo Agostinho:
É difícil traduzir a filosofia de Agostinho em poucas palavras, pois ele tratou sobre os mais variados temas ao defender as primeiras bases teológicas do cristianismo. Agostinho escreveu, por exemplo, sobre o tempo. Algo que intriga religiosos, cientistas e filósofos, o tempo é, segundo o filósofo patrístico, algo que ele sabe o que é, mas não sabe responder caso seja perguntado. Isso leva o interlocutor a pensar algo que seria muito importante na contemporaneidade: o conhecimento intuitivo.
Além do tempo e de outros assuntos importantes para a filosofia e para a Igreja Católica, Agostinho escreveu sobre o bem e o mal. Na visão do filósofo, ao tentar-se resolver o antigo paradoxo da onipotência e da suprema benevolência de Deus sobre o mal, afirma-se que Deus é o supremo bem e o único caminho possível para o bem. No entanto, há a possibilidade deixada pelo livre arbítrio de que o homem afaste-se do bem e vá em direção ao mal. Deus seria o bem e a distância de Deus seria o mal, o caminho oposto à iluminação divina.
Patrística:
Agostinho está inserido no período denominado filosofia patrística. O grande problema enfrentado pelos patrísticos era conseguir estabelecer as bases de um pensamento cristão que convencesse os fiéis e, mais que isso, desse uma base para a formulação do cristianismo. Antes de Agostinho, temos o neoplatonismo como um princípio filosófico de resgate da filosofia platônica, mas temos também o período dos chamados padres apologistas, aqueles que se dedicaram a tecer verdadeiras defesas (ou apologias) do cristianismo em suas épocas.
Entre os principais apologistas, temos Justino e Tertuliano. Agostinho posicionou-se como um defensor da tese de Justino: de que a filosofia grega antiga, mesmo sendo pagã, forneceria um meio de compreensão de questões fundamentais para o cristianismo. Assim, Agostinho tornou-se um dos “pais” da Igreja, sendo um importante nome da filosofia patrística. 
Obras de Santo Agostinho:
As principais obras escritas por Santo Agostinho são Confissões e Cidade de Deus. Confissões tem um tom altamente autobiográfico. Nesse livro, o filósofo fala do período de sua vida em que não era convertido, fala com propriedade do pecado, do maniqueísmo e do hedonismo. Também conta como foi convertido tardiamente na fé cristã.
Em Cidade de Deus, o filósofo fala de dogmas relacionados ao cristianismo, como a vida eterna da alma e a bem-aventurança, além do paraíso e da bondade de Deus. Os escritos contidos nessa obra mostram-se como o princípio para a compreensão de uma filosofia cristã.
Dia de Santo Agostinho:
Em 28 de agosto é celebrado o Dia de Santo Agostinho em decorrência de sua morte na mesma data, no ano de 430. A celebração a Santa Mônica, sua mãe, acontece no dia 27 de agosto, também em decorrência da data de morte da matriarca. Texto de Francisco Porfírio.
Nota do blog: Data e autoria da imagem não obtida.

Marco de Inauguração da Praça Maximus IV Sayegh, São Paulo, Brasil



 

Marco de Inauguração da Praça Maximus IV Sayegh, São Paulo, Brasil
São Paulo - SP
Fotografia


Localizada entre as ruas Cubatão e Correia Dias, no bairro do Paraíso.
Nota do blog: Imagens de 2024 / Crédito para Jaf.